38.06. APOCALIPSIS - Marco histórico

Los eruditos modernos están divididos en cuanto a si el momento cuando se escribió el Apocalipsis debe fijarse en una fecha relativamente temprana, durante los reinados de Nerón (54-68 d. C.) o de Vespasiano (69-79 d. C., o en una fecha posterior, hacia el fin del reinado de Domiciano (81-96 d. C.).

Los eruditos que prefieren una fecha más antigua para el Apocalipsis, generalmente identifican la persecución citada en las cartas a las siete iglesias con la que sufrieron los cristianos en el reinado de Nerón (64 d. C.), o posiblemente más tarde en el tiempo de Vespasiano, aunque no es claro hasta qué punto este último emperador persiguió a la iglesia. Creen que el mundo convulsionado descrito en el Apocalipsis refleja las dificultades que perturbaron la ciudad de Roma desde los últimos años de Nerón hasta los primeros años de Vespasiano. Ven en la bestia que sufre una herida mortal y es curada (cap. 13: 3), y en la bestia que "era y no es; y está para subir del abismo" (cap. 17: 8), una representación de Nerón, de quien decía una leyenda popular que apareció después de su muerte, que reaparecería algún día. También creen que el número simbólico 666 (cap. 13: 18) representa a Nerón César, escrito en consonantes hebreas (NRWN QSR). Estas evidencias han inducido a cierto número de destacados eruditos a ubicar la redacción del Apocalipsis a fines de las décadas de los años 60 ó 70 del siglo I.

Este razonamiento, aunque indudablemente basado en hechos históricos, depende, para ser admitido, de la interpretación que se dé a ciertas declaraciones del Apocalipsis. Pero una interpretación tal es, por supuesto, subjetiva, y no ha sido aceptada por muchos verdaderos eruditos del pasado.

El testimonio de los primeros escritores cristianos es casi unánime en el sentido de que el libro de Apocalipsis fue escrito durante el reinado de Domiciano.

Ireneo, que afirma que tuvo relación personal con Juan por medio de Policarpo, declara del Apocalipsis: "Porque eso no fue visto hace mucho tiempo, sino casi en nuestros días, hacia fines del reinado de Domiciano" (Contra herejías v. 30).

Victorino (m. c. 303 d. C.) dice: "Cuando Juan dijo estascosas estaba en la isla de Patmos, condenado a trabajar en las minas por elcésar Domiciano. Por lo tanto, allí vio el Apocalipsis" (Comentario sobre el Apocalipsis, cap. 10: 11).

Eusebio (Historia eclesiástica III, 20, 8-9) registra que Juan fue enviado a Patmos por Domiciano, y que cuando los que habían sido desterrados injustamente por Domiciano fueron liberados por Nerva, su sucesor (96-98 d. C.), el apóstol volvió a Efeso.

Un testimonio cristiano tan antiguo nos ha inducido a fijar el momento cuando se escribió el Apocalipsis, al final del reinado de Domiciano, o sea antes de 96 d. C.

Por lo tanto, es interesante mencionar brevemente algo de las condiciones que existían en el imperio, particularmente las que afectaban a los cristianos durante el tiempo de Domiciano. Durante su reinado la cuestión de la adoración del emperador llegó a ser por primera vez crucial para los cristianos, especialmente en la provincia romana de Asia, región a la cual se dirigieron en primer lugar las cartas a las siete iglesias.

La adoración del emperador era común en algunos lugares al este del mar Mediterráneo aun antes de Alejandro Magno. Este fue deificado y también sus sucesores. Cuando los romanos conquistaron el Oriente, sus generales y procónsules eran aclamados a menudo como deidades. Esta costumbre fue mucho más fuerte en la provincia de Asia, donde siempre habían sido populares los romanos. Era común edificar templos para la diosa Roma, personificación del espíritu del imperio, y con su adoración se relacionaba la de los emperadores. En el año 195 a. C. se le erigió un templo en Esmirna; y en el 29 a. C. Augusto concedió permiso para la edificación de un templo en Efeso para la adoración conjunta de Roma y de Julio César, y de otro en Pérgamo, para la adoración de Roma y de sí mismo. Augusto no promovía su propia adoración, pero en vista de los deseos expresados por el pueblo de Pérgamo, sin duda consideró tal adoración como una conveniente medida política. En ese culto la adoración de Roma poco a poco llegó a ser menos importante, y sobresalió la del emperador. La adoración de éste en ninguna manera reemplazaba la de los dioses locales, sino que era añadida y servía como un medio para unificar el imperio. Los rituales del culto del emperador no siempre se distinguían fácilmente de las ceremonias patrióticas. En Roma se instaba a no adorar a un emperador mientras aún vivía, aunque el senado deificó oficialmente a ciertos emperadores ya muertos.

Gayo Calígula (37-41 d. C.) fue el primer emperador que promovió su propia adoración. Persiguió a los judíos porque se oponían a adorarlo, y sin duda también hubiera dirigido su ira contra los cristianos si hubieran sido lo bastante numerosos en sus días como para que le llamaran la atención. Sus sucesores fueron más condescendientes, y no persiguieron a los que no los adoraban.

El próximo emperador que dio importancia a su propia adoración fue Domiciano (81-96 d. C.). El cristianismo no había sido aún reconocido legalmente por el gobierno romano, pero aun una religión ilegal difícilmente fuera perseguida a menos que se opusiera a la ley; y esto fue precisamente lo que hizo el cristianismo. Domiciano procuró con todo empeño que su pretendida deificación se arraigara en la mente del populacho, e impuso su adoración a sus súbditos. El historiador Suetonio registra que publicó una carta circular en nombre de sus procuradores, que comenzaba con estas palabras: " 'Nuestro Señor y nuestro Dios ordena que esto sea hecho' " (Domiciano xiii. 2).

Un pasaje no muy claro del historiador romano Dio (Historia romana LXVII. 14. 1-3) parece explicar esta persecución:

"Y en el mismo año [95 d. C.] Domiciano mató junto con muchos otros a Flavio Clemente el cónsul, aunque era su primo y tenía como esposa a Flavia Domitila, que era también pariente del emperador. Ambos fueron acusados de ateísmo, acusación por la cual fueron condenados muchos otros que habían adoptado costumbres judías. Algunos de ellos fueron muertos, y el resto por lo menos fue despojado de sus propiedades. Domitila sólo fue desterrada a Pandataria".

Aunque a primera vista este pasaje parece registrar una persecución contra los judíos (y de acuerdo con el historiador judío H. Graetz, el primo de Domiciano era prosélito judío [History of the Jews, t. 2, pp. 387-389] ), los eruditos han sugerido que en realidad Flavio Clemente y su esposa fueron castigados por ser cristianos. Desde el punto de vista de un historiador pagano que no conocía íntimamente el cristianismo, "costumbres judías" sería una descripción lógica del cristianismo, y el "ateísmo" bien podría representar la negativa de los cristianos de adorar al emperador. Eusebio (Historia eclesiástica iii. 18.4, p. 123) sin duda confunde la relación entre Domitila y Clemente, y dice que Domiciano desterró a una sobrina de Clemente, llamada Flavia Domitila, porque era cristiana. Probablemente las dos referencias son a la misma persona, y sugieren que la persecución llegó hasta la familia imperial.

Esa persecución, por negarse a adorar ante el altar del emperador, sin duda constituye la razón inmediata del destierro de Juan a Patmos, y por lo tanto de la redacción del libro del Apocalipsis. Sin duda habían muerto todos los apóstoles, excepto Juan, y éste se hallaba desterrado en la isla de Patmos. El cristianismo ya había entrado en su segunda generación. La mayoría de los que habían conocido al Señor habían muerto. La iglesia se veía frente a la más fiera amenaza externa que había conocido, y necesitaba una nueva revelación de Jesucristo. Por lo tanto, las visiones dadas a Juan llenaban una necesidad específica en ese tiempo; y mediante ellas el cielo fue abierto para la iglesia que sufría, y los cristianos que se negaban a inclinarse ante la pompa y el esplendor del emperador, recibieron la seguridad de que su Señor, ya ascendido y ante el trono de Dios, superaba infinitamente en majestad y poder a cualquier monarca terrenal que pudiese exigir su adoración.

38.05. APOCALIPSIS - Autor - IV

Las diferencias lingüísticas entre el Evangelio y el Apocalipsis sonsignificativas. Aunque las diferencias de tema y estilo -que evidentemente existen entre los dos libros- pueden explicar en cierta medida la disparidad de los vocabularios, por lo general un mismo escritor no varía tanto en su uso de ciertas palabras. Sin tener en cuenta el tema tratado o la forma literaria, por lo general el mismo autor usa u omite palabras semejantes en una forma inconsciente. Cuando dos libros difieren tanto como el Evangelio de Juan y el Apocalipsis en el uso de estas palabras, podría parecer difícil al principio creer que son del mismo autor.

Pero este hecho no significa necesariamente de por sí que Juan no sea el autor de ambas obras. Las circunstancias en las cuales parecen haber sido escritos los dos libros pueden explicar razonablemente dichas diferencias. Juan declara en el Apocalipsis que recibió sus visiones mientras "estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo" (cap. 1: 9). En el exilio, Juan sin duda se vio obligado a valerse de su propia capacidad lingüística para la redacción del Apocalipsis, y por esto no debe sorprenderse que el lenguaje de este libro no sea siempre puro, en donde a veces se translucen semitismos a través del griego, y que el autor no estuviese siempre muy seguro de su gramática. Esta situación es muy normal considerando las circunstancias en las cuales Juan escribió el Apocalipsis. Además, las visiones eran evidentemente registradas a medida que las escenas pasaban vívidamente frente a los ojos del profeta (cap. 10: 4). Puede ser que Juan no hiciera a propósito una revisión para que no se debilitara la vivacidad de la acción.

Por otra parte, la tradición cristiana más antigua indica que el Evangelio fue escrito en condiciones completamente diferentes. En el Fragmento de Muratori, escrito en Roma probablemente alrededor de 170 d. C. -sólo pocas décadas después de que hubiera estado allí Policarpo, el discípulo de Juan- se afirma:

"El cuarto de los Evangelios es de Juan, uno de los discípulos. Cuando fue animado [a escribir] por los otros discípulos y obispos, les dijo: 'Ayunad conmigo los próximos tres días, y todo lo que se nos revele a cada uno de nosotros nos lo relataremos mutuamente'. Aquella noche le fue revelado a Andrés, uno de los apóstoles, que aunque todos debían revisarlo, Juan debía narrarlo todo en su propio nombre" (Texto latino en S. R Tregellos, ed., Canon Muratorianus, pp. 17-18).

Aunque es obvio que este relato tiene características fantásticas, como la presencia de Andrés y otros apóstoles con Juan cuando escribió el Evangelio, puede tener algo de verdad, cuando sugiere que Juan pudo haber recibido ayuda en la composición del Evangelio. En apoyo de esta hipótesis también está una declaración atribuida a Papías, que se conserva en un manuscrito del siglo X:

"Por lo tanto, es claro que este Evangelio fue escrito después del Apocalipsis, y fue entregado a las iglesias del Asia por Juan, estando aún en el cuerpo [vivo] como obispo de Hierápolis. Papías de nombre, un amado discípulo de Juan, que escribió este Evangelio que le fue dictado por Juan, lo refiere en su Exoterica, es decir, en los últimos cinco libros" (Texto latino en Wordsworth y White, Novum Testamentum... Latine, t. 1, pp. 490-491).

Aunque no puede asegurarse que los detalles de este relato sean exactos, estas dos declaraciones sugieren con cierta intensidad que en el siglo II se había extendido la idea de que Juan había redactado el Evangelio con la ayuda de otros. Apoyada por esta antigua tradición, la declaración al final del Evangelio: "Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero" (cap. 21: 24),parecería ser la certificación de los ayudantes de Juan para dar veracidad a su relato. Si esta manera de interpretar las pruebas es correcta, no es difícil explicar las diferencias lingüísticas y literarias que existen entre el Apocalipsis, escrito probablemente cuando Juan estaba solo en Patmos, y el Evangelio, escrito con la ayuda de uno o más de los creyentes en Efeso.

A las evidencias presentadas puede añadirse el hecho de que hay ciertos paralelos literarios notables entre el Apocalipsis y el Evangelio de Juan, que sugieren una misma paternidad literaria:

El Apocalipsis habla del "agua de la vida" (cap. 21: 6; 22: 17); y el Evangelio, de "agua viva" (cap. 4: 10; 7: 38). El Apocalipsis invita: "El que tiene sed, venga" (cap. 22: 17), y el Evangelio declara: "Si alguno tiene sed, venga" (cap. 7: 37).

Salvo en los lugares donde se hace referencia directa a los símbolos del AT, se nombra a Cristo como el Cordero únicamente en el Evangelio de Juan y en el Apocalipsis.

Por lo tanto, aunque pueden presentarse argumentos en contra de que Juan sea el autor del Apocalipsis, debe reconocerse que las pruebas a favor del punto de vista tradicional de que el autor del Apocalipsis fue el apóstol, son razonables y sólidas.

38.04. APOCALIPSIS - Autor - III

El esfuerzo de Eusebio por encontrar dos Juanes en la declaración de Papías se hace más comprensible por el hecho de que sus conclusiones fueron influidas por la obra de Dionisio, obispo de Alejandría (m. en 265 d. C.; ver Eusebio, Historia Eclesiástica VII. 24, 25).

Dionisio reaccionó contra algunos cristianos que destacaban la idea de un milenario literal, y escribió una obra titulada "Tratado Acerca de las Promesas", en la cual procuraba mostrar mediante eruditos argumentos que el Apocalipsis no fue escrito por el apóstol Juan sino por otro escritor con el mismo nombre. Dionisio es el primer padre de la iglesia que duda del origen apostólico del Apocalipsis, y sus argumentos han quedado como clásicos para los especialistas que comparten su punto de vista.

Dionisio fundamenta sus críticas mayormente en el hecho de que hay evidentes diferencias entre el lenguaje del Evangelio y el del Apocalipsis. Los vocabularios de ambos muestran marcadas diferencias; una cantidad de palabras que aparecen con mucha frecuencia en uno, son raras en el otro.

Dionisio también señaló que el griego del Evangelio de Juan es correcto y puro, mientras que el del Apocalipsis contiene una cantidad de pasajes extrañamente construidos, sin tener en cuenta las reglas de gramática y sintaxis. En vista de estas marcadas diferencias entre el Evangelio y el Apocalipsis, Dionisio concluyó que no habían sido escritos por el mismo autor. Estas críticas parecen haber tenido una amplia influencia en la opinión de la iglesia oriental en cuanto al origen apostólico del Apocalipsis y, por lo tanto, a su canonicidad.

Eusebio no sólo registró los detalles de los argumentos de Dionisio, sino que procuró darles una base más firme mediante el pasaje ya citado de Papías. Y en cuanto a la canonicidad del Apocalipsis, informó:

"Entre los escritos de Juan, además del Evangelio, es admitida sin controversia alguna su primera epístola, tanto por los más recientes cuanto por todos los antiguos; las dos epístolas restantes son puestas en duda. Acerca de la Revelación (el Apocalipsis) se disputa en pro y en contra con variedad de opiniones" (Historia Eclesiástica, III. 24. 17, 18).

Aunque la evidencia aducida por Dionisio, que indica la existencia de dos Juanes, tiene consistencia, deben considerarse otros hechos antes de emitir un juicio. La opinión de Dionisio y Eusebio se funda principalmente en dos puntos: la cita ambigua de Papías y los argumentos de Dionisio acerca de diferencias lingüísticas entre el Evangelio y el Apocalipsis.

Aunque no puede probarse que Papías no se refirió a dos hombres diferentes llamados Juan, si lo hizo, su testimonio -en cuanto pueda usarse como prueba del origen no apostólico del Apocalipsis- es refutado por media docena de otros padres de la iglesia. En este sentido son particularmente importantes las declaraciones de Ireneo, quien se relacionó personal y directamente con Policarpo, contemporáneo de Juan y de Papías. Ireneo parece haber conocido a un solo Juan, el apóstol, y afirma claramente que fue éste quien escribió el Apocalipsis. En vista de esto parece razonable concluir que no debe presentarse con tanta insistencia la ambigua declaración de Papías como prueba de la existencia de dos hombres llamados Juan.

38.03. APOCALIPSIS - Autor - II

La tradición cristiana primitiva reconoce a Juan el hijo de Zebedeo y hermano de Jacobo casi unánimemente como el autor del Apocalipsis. En realidad, todos los escritores cristianos hasta mediados del siglo III, en cuyas obras existentes hoy se mencione este tema, atribuyen el Apocalipsis a Juan el apóstol.

Estos escritores son Justino Mártir, en Roma (c. 100-c. 165 d. C., Diálogo con Trifón 81); Ireneo de Lyon (c. 130-c. 202 d. C., Contra herejías iv. 20. 11); Tertuliano, en Cartago (c. 160-c. 240 c. d. C., Sobre prescripciones contra los herejes 36); Hipólito, de Roma (m.c. 235 d. C., Tratado sobre Cristo y el anticristo xxxvi), y Clemente de Alejandría (m. c. 220 d. C., ¿Quién es el rico que se salvará? xiii).

Estos testimonios demuestran que en los comienzos de la iglesia eran muchos e influyentes los que creían que el autor del Apocalipsis fue el apóstol Juan. Además, varias antiguas tradiciones cristianas relacionan los últimos años de Juan con la ciudad de Efeso. Así lo hace Ireneo (Op. cit. iii. 3, 4), quien declara que en su juventud había visto al anciano Policarpo, de Esmirna, el que "conversó con muchos que habían visto a Cristo", entre ellos con Juan, que había residido en Efeso hasta los días de Trajano (98-117 d. C.).

Polícrates (130-c. 200 d. C.), obispo de Efeso, octavo en su familia que fue obispo cristiano, testifica que Juan "el que se reclinó en el seno de Jesús... descansa en Efeso" (Epístola a Víctor y la Iglesia Romana acerca del día de observar la pascua). Estas declaraciones coinciden con el hecho de que Juan se dirige a Efeso y a las otras iglesias de Asia (Apocalipsis 1: 4, 11).

El único testimonio de este período que parece no concordar con la opinión de que el autor del Apocalipsis fue el apóstol Juan, proviene de Papías, padre de la iglesia (m. c. 163 d. C.).

Las obras de Papías se perdieron; lo único que existe de ellas está en forma muy fragmentaria en citas conservadas por escritores posteriores. Dos de ellas se refieren a la muerte de Juan. En una, de un manuscrito del siglo VII u VIII d. C., que parece ser un resumen de la Crónica de Felipe de Side (siglo V), se declara: "Papías dice en su segundo libro que Juan el Teólogo y Jacobo su hermano fueron muertos por los judíos".

Y en un manuscrito de la Crónica de Georgius Hamartolus (c. 860 d. C.) se lee en forma similar: "Porque Papías, obispo de Hierápolis, siendo testigo ocular de esto, en el segundo libro de los dichos del Señor, dice que él [Juan ] fue muerto por los judíos, cumpliendo claramente, con su hermano, la predicción de Cristo relativa a ellos".

Estas citas parecen indicar a primera vista que un funcionario cristiano que vivió a fines del primer siglo y comienzos del segundo, en las proximidades de Efeso, testificó que el apóstol Juan, así como su hermano, fue muerto por los judíos antes de que pudiera haber escrito el Apocalipsis en el tiempo de Nerón o de Domiciano, que son los períodos en los cuales los eruditos generalmente lo colocan. Sin embargo, un examen más minucioso hace surgir varios interrogantes respecto a estas citas.

El hecho de que el pasaje del primer manuscrito se refiera a Juan como "el teólogo", indica que la cita sufrió modificaciones hechas por un escriba medieval, porque este título no se aplica a Juan en ningún manuscrito bíblico existente anterior al siglo VIII, y es virtualmente imposible que Papías lo pudiese haber usado. La segunda cita, de Georgius Hamartolus, sólo se halla en uno de los manuscritos de dicho autor.

Los otros únicamente dicen que Juan murió en paz; pero es evidente que no citan en nada a Papías. Por lo tanto, es muy difícil saber exactamente qué fue lo que dijo Papías acerca de la muerte de Juan. Si en verdad escribió que Juan, como Santiago, fue muerto por los judíos, esto no implica que sus muertes ocurrieron al mismo tiempo o muy cerca la una de la otra. En el Apocalipsis inclusive se afirma que, en el tiempo en que fue escrito, los judíos aún seguían causando dificultades a los cristianos, y si Juan finalmente murió como mártir bien pudo haber sido como resultado de las intrigas de los judíos.

Una tercera cita de Papías la registra el historiador eclesiástico Eusebio (m. en 340 d. C.):

"No pesará escribir con nuestras interpretaciones las cosas que en otro tiempo aprendí y encomendé a la memoria, para que se afirme la verdad de las mismas con nuestra aserción... Porque si entretanto me salía al encuentro alguno que había tratado con los ancianos, le preguntaba curiosamente cuáles fuesen los dichos de los ancianos; qué acostumbraban a decir [Gr. eipen, 'dijo'] Andrés, Pedro, Felipe, Tomás, Santiago, Juan, Mateo, y qué los demás discípulos del Señor; qué predicaron [Gr. legousin, 'dicen'] Aristión y el presbítero Juan, discípulo del Señor. Pues yo estimaba que no podría sacar tanta utilidad de las lecturas de los libros cuanto de la viva voz de los hombres todavía sobrevivientes" (Historia eclesiástica iii. 39. 3-4).

Este pasaje ha dado lugar a muchas conjeturas. Eusebio lo interpretó como que hubieran existido dos hombres llamados Juan que vivieron en Asia a fines del siglo I d. C.: el apóstol y otro hombre que era presbítero o anciano. La opinión de Eusebio era que este último era el que había conocido Papías personalmente, y que fue el que escribió el Apocalipsis, mientras que el apóstol había sido el autor del Evangelio.

Sin embargo, es posible interpretar de otra manera las palabras de Papías. Zahn, erudito alemán del Nuevo Testamento, hace notar (Introduction to the New Testament, 2.a ed., t. 2, pp. 451-453) que en la declaración de Papías no hay una verdadera distinción entre presbíteros y apóstoles. Papías dice que "preguntaba" acerca de "los dichos de los ancianos", e inmediatamente sigue con una lista de los apóstoles; luego cuando menciona al "presbítero Juan" lo identifica enseguida como uno de los "discípulos del Señor".

La única distinción entre los dos grupos que menciona radica en la diferencia del tiempo del verbo, pretérito en el primero [eipen] y presente en el segundo [legousin], lo que sugiere que los del primer grupo mencionado eran discípulos de Jesús que habían vivido o dado su testimonio antes del tiempo de Papías, mientras que los del segundo grupo aún vivían, y Papías podía obtener de ellos información. Si se acepta el testimonio de Ireneo, el apóstol Juan estaría incluido en ambos grupos, y por eso sería concebible que fuera mencionado dos veces.

38.02. APOCALIPSIS - Autor - I

El autor de Apocalipsis se identifica repetidas veces como "Juan" (cap. 1: 1, 4, 9; 21: 2; 22: 8).

Ιωαννης [Iôannês], la forma griega de este nombre, representa al nombre común hebreo Yojanan o Yehojanan ("Jehová es favorable"), que aparece numerosas veces en los últimos libros del AT, en los libros apócrifos y en Josefo. Esto identifica al autor como judío.

Varias evidencias indican claramente que Juan era el nombre del autor, y no un seudónimo como aparecía en muchas obras apocalípticas judías y de los primeros cristianos. La primera es que el autor del Apocalipsis se identifica como Juan sin intentar darse a conocer como uno que ocupaba algún cargo en la iglesia.

Varios apocalipsis judíos y cristianos son atribuidos a patriarcas y profetas hebreos y a apóstoles cristianos. Si así sucediera con el Apocalipsis, es de esperar que su autor procurara identificarse específicamente como apóstol. Pero la sencilla declaración de que su nombre es Juan "vuestro hermano" (Apocalipsis 1:9; cf. la referencia de Pedro a Pablo, 2 Pedro 3: 15), testifica que el que escribe da su nombre verdadero. Es evidente que el autor era tan conocido en las iglesias, que su nombre bastaba para identificarlo y dar validez al relato de sus visiones.

Más aún: parece que la práctica de usar seudónimos no era común cuando el ejercicio del don de profecía era vigoroso. Durante el período intertestamentario -cuando hasta donde sepamos no había profeta reconocido entre los judíos- los escritores religiosos a menudo creyeron que era necesario valerse del nombre de algún personaje antiguo de gran reputación para asegurar la aceptación general de su obra.

Indudablemente en dicho período no había ningún profeta verdadero que hablase en nombre de Dios, como lo habían hecho los profetas del AT; pero con la aparición del cristianismo floreció nuevamente el don de profecía.

En la iglesia cristiana del primer siglo no existió la supuesta necesidad de usar seudónimos. Los cristianos estaban convencidos de que sus apóstoles y profetas hablaban directamente como instrumentos de Dios. Pero cuando el profetismo cayó en descrédito entre los cristianos y finalmente desapareció en el siglo II, comenzaron a aparecer obras seudoepigráficas que llevaban los nombres de diversos apóstoles.

Según los hechos mencionados es razonable concluir que el Apocalipsis,que aparece en el siglo I d.C., no es un libro seudoepigráfico, sino la obra de un hombre cuyo verdadero nombre fue Juan.

¿Quién era este Juan? En el NT hay varios personajes con este nombre: Juan el Bautista, Juan el hijo de Zebedeo (uno de los doce), Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, y un pariente del sumo sacerdote Anás.

Es evidente que el escritor del Apocalipsis no podría ser Juan el Bautista, pues éste murió antes de la crucifixión de Jesús.

Tampoco es razonable suponer que fuese el pariente de Anás, de quien no hay indicación de que llegó a ser cristiano.

También es poco probable que Juan Marcos fuese el autor del Apocalipsis, pues el estilo, el vocabulario y el enfoque del segundo Evangelio son completamente diferentes a los del Apocalipsis; además, no se sabe de nadie en la iglesia primitiva que haya atribuido el Apocalipsis a Marcos.

Con este proceso de eliminación sólo queda Juan el hijo de Zebedeo y hermano de Jacobo. Este Juan no sólo fue uno de los doce sino también miembro del círculo íntimo de Jesús.

38.01. APOCALIPSIS - Título

Los más antiguos manuscritos griegos en existencia y los escritos de varios padres de la iglesia, comenzando con Ireneo (c. 130 d. C.-c. 202), dan a este libro el sencillo título de ΑΠΟΚΑΛΥΨΙΣ ΙΩΑΝΝΟΥ [APOKALUPSIS IÔANNOU] (Apocalipsis de Juan).

Más tarde, en algunos manuscritos medievales, se amplió el título a "Apocalipsis de Juan el Teólogo y Evangelista" y "Apocalipsis de San Juan el Teólogo".

La palabra griega αποκαλυψις [apokalupsis], "apocalipsis", "revelación", se refiere a quitar un velo o descubrir algo, y particularmente en lenguaje religioso, a descorrer el velo del futuro.

37.05. JUDAS - Bosquejo

I. Saludo, 1-2.

II. Motivo de la carta, 3-4.

III. Advertencias históricas contra la apostasía, 5-7.
A. Los israelitas, 5.
B. Los ángeles, 6.
C. Sodoma y Gomorra, 7.

IV. La actitud desafiante de los pecadores, 8-11.

V. La esterilidad del pecado, 12-13.

VI. La seguridad de la condenación de los impíos, 14-16.
A. Profetizada desde antiguo, 14-15.
B. Su destrucción es justa, 16.

VII. La crisis predicha, 17-19.

VIII. Conclusión, 20-25.
A. Exhortación, 20-23.
1. Aplicación personal para los creyentes, 20-21.
2. Responsabilidad para con otros, 22-23.
B. Doxología, 24-25.

37.04. JUDAS - Tema

"Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Judas 3).

Según el vers. 3 parece que el autor tuvo el propósito de escribir una verdadera epístola pastoral para confirmar a los creyentes en su fe cristiana; pero las noticias de los estragos que estaban causando los maestros libertinos lo indujeron, bajo la conducción del Espíritu Santo, a cambiar su plan original y a instar a sus lectores para que defendieran decididamente la fe.

Y para animarlos en esa obra, desenmascara a los engañadores, muestra la relación que tenían con anteriores rebeldes contra la autoridad divina, y exhorta a su grey para que se aparte de esos engañadores y se dedique a prepararse para encontrarse con su Señor en gloria.

Para entender el contenido de la epístola se necesitan frecuentes referencias y comparaciones con 2 de Pedro.

37.03. JUDAS - Marco histórico

En la epístola no hay ninguna afirmación directa en cuanto a las circunstancias que determinaron su redacción, ni ningún indicio sobre la congregación a la cual fue dirigida; pero por su contenido pueden deducirse ciertas informaciones.

Es evidente que en la iglesia habían entrado subrepticiamente elementos perturbadores (vers. 4, 8, etc.) que habían apartado a muchos de la pureza del Evangelio. En Colosenses, las epístolas pastorales y el Apocalipsis hay alusiones que indican que las herejías gnósticas habían comenzado a penetrar en las iglesias del Asia Menor; por eso es posible que la carta de Judas fuera dirigida a esas iglesias.

Surge una pregunta interesante debido al hecho de que una gran parte del material de Judas también se encuentra en 2 Pedro (cf. Jud. 4-18 con 2 Ped. 2: 1 a 3:3). En muchos casos se usan las mismas palabras y son frecuentes los mismos pensamientos expresados con algunas palabras de carácter insólito.

¿Tomó Judas algo de 2 Pedro, o Pedro de Judas, o tomaron ambos de una fuente común ahora desconocida?

Esta pregunta no puede ser contestada con certeza. La mayoría de los eruditos bíblicos piensan que Judas es anterior a 2 Pedro, pues es difícil explicar por qué Judas iba a escribir una carta si era muy poco lo que tenía que agregar a lo ya escrito en 2 Pedro. Dichos eruditos afirman que es fácil explicar cómo Pedro pudo haber usado pensamientos expresados en la breve epístola de Judas, añadiendo después algo más.

Los estudios literarios demuestran que la más corta de dos obras similares por lo general se escribió primero. A pesar de todo una minoría de eruditos sostiene que 2 Pedro se escribió antes que Judas, y entre las razones que presentan están las siguientes:

(1) 2 Pedro 2: 1 habla de la futura aparición de maestros falsos, entre tanto que Judas da la impresión de que esos maestros ya estaban en acción (Judas 4).

(2) Judas advierte en cuanto a la venida de escépticos como algo pasado (vers. 17-18), mientras que Pedro presenta su advertencia como algo referente al futuro (2 Pedro 3: 3).

Ambas líneas de argumentos no son suficientemente decisivas para determinar cuál de las dos epístolas (Judas o 2 Pedro) se escribió primero . Por esta razón, es imposible fijar una fecha para la carta de Judas . Si se escribió antes de 2 Pedro, tuvo que ser redactada antes del año 67 d. C., el probable año de la muerte de Pedro; si la epístola de Judas fue escrita después, fue entre los años 70 y 85 d. C.

37.02. JUDAS - Autor

El autor se llama a sí mismo "Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo" (vers. 1). No hay, pues, razón para dudar de la identificación, aunque las palabras pueden interpretarse en más de una forma.

En el NT se mencionan varios Judas:

Judas Iscariote
"Judas Iscariote, el que le entregó" (Marcos 3: 19),

Judas "no el Iscariote"
"Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?" (Juan 14: 22),

Judas el galileo
"Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados" (Hechos 5: 37),

Judas de Damasco
"Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora" (Hechos 9: 11),

Judas, con el sobrenombre de Barsabás
"Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos" (Hechos 15: 22).

Judas el hermano de Jesús, al igual que Jacobo, José y Simón
"¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él" (Marcos 6: 3).

Generalmente se concuerda en que Jacobo, el hermano del Señor, es el Jacobo que presidió el concilio de Jerusalén (Hechos 12:17; 15:13) y que posiblemente más tarde escribió la Epístola de Santiago.

Por lo tanto, el autor de la epístola de Judas bien pudo haber sido el hermano de este Jacobo y, por lo mismo, hermano del Señor Jesús. Esta relación tendería a hacerlo prominente en la iglesia y le daría el grado de autoridad que se refleja en su epístola. El hecho de que no manifiesta explícitamente su relación familiar con el Señor, sino que se llama a sí mismo "siervo de Jesucristo" (Judas 1), podría explicarse como un acto de delicada discreción que demuestra que no aprovechaba para beneficio propio su relación con Jesús.

37.01. JUDAS - Título

En los manuscritos griegos más antiguos el título de esta epístola es sencillamente ΙΟΥΔΑ [IOUDA] ("Judas").

Las palabras "La epístola universal" se refieren a que esta carta no fue dirigida a una persona específica, o a determinada iglesia o grupo de iglesias, sino "a los llamados [es decir, a todos], santificados". Por esta misma razón a veces es llamada "epístola católica", pues católico significa universal.

36.05. 3 JUAN - Bosquejo

I. Introducción, 1.

II. Mensaje, 2-12.

A. Buenos deseos y satisfacción, 2-4.
B. La hospitalidad es alabada, 5-8.
C. Se reprocha la hostilidad, 9-10.
D. Una lección y alabanza, 11-12.

III. Conclusión, 13-14.

36.04. 3 JUAN - Tema

Es sencillo y directo. La segunda epístola fue escrita para advertir contra los falsos maestros itinerantes, pero la tercera se envía para oponerse a las tendencias cismáticas ejemplificadas por las acciones de Diótrefes.

Es probable que Diótrefes fuera el anciano de la iglesia y que hubiera aceptado algunas de las falsas enseñanzas de los gnósticos. Cuando Juan escribió a las iglesias para refutar esas falsas enseñanzas, parece queDiótrefes se opuso a que la carta fuera leída delante de los miembros de la iglesia (vers. 9). También se impidió que se escuchara a los ministros itinerantes que pudieron haber sido enviados por Juan, y los que los escucharon en privado fueron excomulgados públicamente por Diótrefes, hombre arrogante.

Cuando Juan escribe a Gayo se esfuerza por asegurarse que su mensaje llegue a los hermanos leales. Puede haber estado preparándolos para que aceptaran un cambio de ancianos de iglesia cuando él llegara y les "recordara" las acciones de Diótrefes (vers. 10).

En esta carta, como en los otros escritos de Juan, se manifiesta el mismo espíritu de tierno afecto personal; pero por encima del propósito inmediato de la epístola, brilla la belleza del carácter del apóstol y la inspiración que ha proporcionado a sus lectores a través de los siglos.

36.03. 3 JUAN - Marco histórico

Esta epístola es evidentemente una carta personal escrita a un tal Gayo, que no es identificado. Se trata de un cristiano fiel, muy alabado por su bondadosa hospitalidad con los maestros itinerantes.

Se nombran otros dos personajes: Diótrefes, dirigente dado a la polémica, y Demetrio, que quizá era uno de los maestros itinerantes.

El cuadro que se deduce por lo que está escrito acerca de estos tres personajes, nos presenta una notable evolución en la iglesia cristiana y sugiere que esta epístola fue escrita después de la segunda, y por lo tanto aún más cerca de la muerte de Juan.

Parece quedar bien establecido el ministerio de los predicadores itinerantes o de hermanos visitantes (vers. 5-8).

Diótrefes se atribuye el poder de expulsar de la iglesia quizá mediante una especie de excomunión (vers. 10) a aquellos a quienes no aprueba personalmente, y la autoridad del apóstol ha sido socavada por los seguidoresde Diótrefes (vers. 9-11).

Todo esto indica que la situación revelada en la segunda epístola ha evolucionado, y esto convierte a la tercera epístola en la última de las tres cartas de Juan que han llegado hasta nosotros.

Esto no quiere decir que Juan no escribió otras cartas. No se puede probar que la carta o escrito que se menciona en el vers. 9 sea la segunda epístola, aunque es una buena posibilidad de que así fuera, ni tampoco se puede determinar cuánto tiempo transcurrió entre la redacción de la segunda y la tercera epístolas; pero parece probable que el intervalo fue breve, pues ambas se parecen tanto en estilo como en contenido.

36.02. 3 JUAN - Autor

Si no hubiera una segunda epístola sería muy discutible la paternidad literaria de esta tercera carta; pero la similitud de estilo entre estas dos cortas epístolas indica un autor común.

Una vez que se reconoce a Juan como el que escribió la segunda epístola también puede ser reconocido como el autor de la tercera.

36.01. 3 JUAN - Título

En los antiguos manuscritos griegos el título sencillamente es ΙΩΑΝΝΟΥ Γ΄ [IÔANNOU G], literalmente, "De Juan 3".

35.05. 2 JUAN - Bosquejo

Una carta tan corta y que toca tantos puntos diferentes, debe ser dividida en unidades muy pequeñas para poder enumerar los temas que contiene; sin embargo, hay tres secciones principales en la epístola.

I. Introducción, 1-3.

A. Saludo, 1 p. p.
B. El vínculo que une, 1 ú. p.-2.
C. Bendición, 3.

II. Mensaje, 4-11.

A. Alabanza por la fidelidad, 4.
B. Exhortación a continuar en el amor, 5-6.
C. Advertencia contra los falsos maestros, 7-11.
1. Advertencia contra engañadores, 7-8.
2. Resultados de continuar el trato con engañadores, 9.
3. Cómo tratar a los maestros heréticos, 10-11.


III. Conclusión, 12-13.
A. Esperanza de encontrarse pronto, 12.
B. Saludos para amigos o parientes, 13.