1.05. FUENTES PARA EL ESTUDIO DEL KOINÉ

Aunque debe hacerse todavía un estudio mucho más amplio para poder comprender bien el griego koiné en todos sus aspectos lingüísticos, los resultados de años de estudio han aclarado muchas dificultades.

Los siguientes elementos se destacan entre los que los eruditos han usado en estudios comparativos para explicar el koiné.

Las obras helenísticas escritas en prosa, como las de Polibio (m. c. 120 a.C.), escritas antes de que el dialecto ático experimentara un resurgimiento en los círculos literarios del mundo de habla griega, han ayudado a los eruditos a comprender el koiné.

Algunos escritores del período imperial - tales como Diodoro (m. c. 20 a. C.) y Plutarco (m. c. 120 d. C.) - también escribieron en el idioma griego del pueblo común. Son valiosas especialmente las obras de Filón (c. 20 a. C. - 50 d. C.), ya que, como Pablo, fue un judío que adquirió su erudición fuera de Palestina y escribió en griego.

La Carta apócrifa de Aristeas (de fecha incierta) y las obras del historiador judío Josefo (m. c. 100 d. C.) también sirven para establecer comparaciones en los estudios lingüísticos del koiné.

Además de las fuentes documentales literarias hay numerosos documentos oficiales preservados en piedra o en papiro que tienen las características del lenguaje común, aunque - como ocurre en obras de esa naturaleza - se emplean algunos términos legales estereotipados y expresiones de la misma naturaleza.

La traducción del Antiguo Testamento conocida como la LXX proporciona una de las principales fuentes para entender el koiné. Como la LXX era una traducción y no una obra originalmente escrita en griego, introdujo en el mundo de habla griega muchas expresiones y conceptos hebreos y arameos. De ese modo proporcionó a la iglesia cristiana primitiva una terminología teológica en griego que ya era familiar entre los judíos helenísticos, y así se convirtió en un medio en las manos de los apóstoles para proclamar las enseñanzas de Cristo a los judíos de la dispersión, en palabras que ellos entendían en todas partes.

Además, desde Mesopotamia hasta Italia la LXX era la Biblia de millones de judíos. Por eso la mayor parte de las citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo son reproducidas de la LXX. Como resultado de todos estos factores, el Antiguo Testamento en griego (koiné) ejerció una poderosa influencia en la forma lingüística del Nuevo Testamento.

La literatura griega cristiana del siglo II también sirve como un material de comparación para comprender el Nuevo Testamento en griego. Entre las obras de este período están los escritos de algunos de los primeros padres de la iglesia, los evangelios apócrifos, los hechos de los apóstoles, también apócrifos, y las leyendas acerca de mártires.

Sin embargo, la principal ayuda para comprender las expresiones del Nuevo Testamento ha sido proporcionada por los escritos acerca de la vida cotidiana, encontrados en papiros y ostracones que se han descubierto desde los comienzos de nuestro siglo.

Estos documentos descubiertos por millares en los basureros de las antiguas ciudades egipcias y como relleno en los vientres de los animales momificados que se adoraban, proporcionan un cuadro acertado de la vida diaria y el lenguaje del pueblo común de Egipto en los tiempos del mundo helenístico y romano.

Se trata de decretos oficiales y reglamentos, peticiones de particulares, quejas y pedidos, archivos de transacciones comerciales, licencias matrimoniales, certificados de divorcio, testamentos y cartas de toda especie imaginable. Las cartas escritas en estilo natural y sin artificios tienen un valor especial, pues dan a conocer una multitud de expresiones usadas en la vida cotidiana de la antigüedad. Muchas de ellas fueron escritas por esposos a sus esposas, por hijos a sus padres, por amigos, esclavos, soldados, oficiales y estudiantes.

Es lamentable que estos documentos, que se han convertido en verdaderos tesoros para una mejor comprensión del Nuevo Testamento, sólo se hayan conservado en el clima seco de Egipto. Si tuviéramos un material semejante procedente de Asia Menor, Siria o Grecia, no hay duda de que proyectaría más luz sobre el koiné, pues probablemente había diferencias dialectales en esos territorios.